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05 diciembre 2022
José Martín Sámano
Opinión

Columna QR: Cancún tuvo que esperar

Pude ver en vivo la “Mano de Dios” y el que para muchos ha sido el mejor gol de la historia de Maradona en contra de Inglaterra burlando a todo un equipo.

Les platicaba en la entrega anterior acerca de cómo el destino me llevó a dedicarme al periodismo. Nos quedamos en que durante mi último semestre de carrera, un compañero de la facultad me invitó a probar suerte en el área de prensa del México 86. Yo pensaba ser publicista, pero como quería ir a los partidos y no tenía para pagar los boletos dije: ¿por qué no? Acudí a una casona en las Lomas de Chapultepec en la Ciudad de México, habilitada como oficina provisional mientras terminaba de construirse el Centro Internacional de Prensa en Polanco. La cita fue con Don Raúl Sánchez Hidalgo, jefe de información deportiva de uno de los principales diarios de circulación nacional. Me recibió sin voltear a verme y sin dejar de aporrear su añeja máquina de escribir. ¿Qué sabes hacer, niño? -Estoy terminando la carrera de Ciencias de la comunicación, le respondí. “Mmmmm es la que está de moda, ahí no aprenden nada”, dijo con sarcasmo mientras él seguía escribiendo un artículo.

Le comenté que sabía hablar bien el inglés y entonces fue que levantó la mirada. Tomo un bonche de revistas extranjeras de fútbol que tenían algunas páginas marcadas con separador y las puso frente a mí. Ponte a traducirlas en aquel escritorio del fondo, -me ordenó. Tomé las publicaciones y puse manos a la obra. Supongo que por la emoción, me tomó poco tiempo cumplir con la encomienda y cuando le dije a Don Raúl que ya había terminado me miró incrédulo. Se acomodó las gafas y comenzó a revisar mis textos. -Ok niño, te quedas. -¿A partir de cuándo señor? ¡De ahorita! contestó al tiempo que me daba más revistas para traducir. De traductor pasé a redactor. Y de Las Lomas nos mudamos al enorme y moderno edificio de Polanco.

A medida que se acercaba el mundial fui ganando la confianza de Don Raúl y luego de Domingo Álvarez, en ese entonces jefe de información de Jacobo Zabludovski. Contentos con mi trabajo, mis jefes me dieron una coordinación, un uniforme muy elegante y un gafete precioso que después me permitiría acceso casi ilimitado a los entrenamientos y a los estadios.

Fue así que acudí a la inauguración en el Azteca, a otros dos partidos de México y a varios encuentros en Ciudad Universitaria como el histórico Francia-Italia. También pude ver en vivo la “Mano de Dios” y el que para muchos ha sido el mejor gol de la historia de Maradona en contra de Inglaterra burlando a toda la defensa y al portero. Estuve en la gran final y en los festejos del Ángel de la Independencia.

Pero todo termina, y ya egresado de la carrera tenía que tomar una decisión de vida: tomarme un año para irme trabajar en algún antro en Cancún y disfrutar de la vida loca, como alguna vez soñé o aceptar la propuesta de Domingo Álvarez para entrar como reportero a la televisión.

Ni modo. Cancún, tuvo que esperar.

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