Pareciera que al gobierno no le alcanza ni para justificar, ni para respetar y sobre todo para ofender a operadores del transporte y a familiares de personas desaparecidas.
Y aun así, asegura que no hay razones para el descontento, que no hay motivos para protestar, lo dice sin titubeos en un país donde muchos transportistas salen a trabajar sin saber si volverán con vida, donde un adolescente es capaz de torturar, asesinar, difundir sus crímenes y aún así obtener su libertad.
Donde incluso personajes señalados por actividades delictivas han sido colocados en cargos de seguridad, sin que hasta ahora haya consecuencias.