El famoso arcoíris no es magia, aunque lo parezca. En realidad, se forma cuando la luz del Sol choca con millones de gotas de lluvia en el aire.
Lo que pasa es que esas gotas funcionan como pequeños prismas: la luz entra, se desvía, rebota y se separa en colores como rojo, azul y verde.
Y aquí viene lo interesante, no está en un lugar fijo, cada persona ve su propio arcoíris dependiendo de dónde esté.