Para que la calidad del aire sea buena, hay varios elementos clave que deben estar en equilibrio.
Primero, la baja presencia de contaminantes como partículas PM10, ozono, dióxido de nitrógeno o azufre, que son los principales responsables de la contaminación.
También influyen muchísimo las condiciones del clima: el viento ayuda a dispersar los contaminantes, mientras que la lluvia puede limpiarlos del ambiente. En cambio, el calor o la falta de viento pueden empeorar la situación.
Otro factor clave es el Índice de Calidad del Aire (ICA), que mide qué tan limpio o contaminado está el aire en tiempo real. Cuando este índice está en niveles bajos, el aire es considerado saludable.