Detrás del Janal Pixán hay una creencia sobre un lugar: el Xibalbá, el inframundo maya, descrito como el lugar de descanso eterno de los difuntos.
Según la tradición, en estas fechas las ánimas tienen permiso para salir del Xibalbá, que en otras regiones del país se conoce como Mictlán, y visitar a sus familias. Los rituales prehispánicos en Yucatán eran ofrendas de los vivos para el mundo de los muertos y sus dioses, y celebraban el regreso de los difuntos.
Los mayas creían que se podía llegar al Xibalbá por los cenotes, los grandes ríos subterráneos interconectados que atraviesan toda la península de Yucatán. Eso sí, la entrada está prohibida para los mortales.
Por eso el agua tiene un lugar especial en el altar: representa la vida y forma parte del camino que los difuntos siguen para llegar a casa. Además, sirve para calmar su sed.
Hoy, el altar celebra la vida de los seres queridos, a quienes se recuerda con amor.














