Un hallazgo inesperado tiene a la comunidad científica intentando explicar una conexión que nadie anticipaba. Diversas vacunas de rutina, como la de la gripe estacional, el herpes zóster y la BCG, se han relacionado con un menor riesgo de demencia, aunque los investigadores aún no comprenden completamente el mecanismo detrás de este efecto.
Una hipótesis emergente sugiere que las vacunas podrían entrenar la inmunidad innata, un concepto conocido como “inmunidad entrenada”, acuñado en 2011. Según explican Justin Devine y su equipo en Bélgica y Sudáfrica, en un artículo publicado en Frontiers in Immunology, esta reprogramación podría contrarrestar la neuroinflamación asociada al deterioro cognitivo.
Un estudio reciente encontró incluso una relación dosis-dependiente con la vacuna antigripal: a mayor dosis en personas mayores, menor riesgo de demencia. Los científicos insisten en que se trata de una hipótesis que requiere más investigación para confirmarse.