El panorama geopolítico en el Medio Oriente ha alcanzado un punto de no retorno. A través de su plataforma Truth Social, el mandatario estadounidense, Donald Trump, lanzó una advertencia directa al gobierno de Irán: reabrir el Estrecho de Ormuz en un plazo máximo de 48 horas o enfrentar una ofensiva militar a gran escala contra sus principales centrales eléctricas.
Un ultimátum tras la agresión a Israel
Las palabras de la Casa Blanca surge como respuesta inmediata a una serie de ataques con misiles lanzados desde Irán que impactaron las ciudades de Arad y Dimona, en Israel. Según reportes oficiales, los proyectiles no pudieron ser interceptados por los sistemas de defensa, provocando la destrucción de edificios y dejando al menos siete heridos de gravedad cerca de centros de investigación estratégica.
"Si Irán no abre completamente, sin amenazas, el Estrecho de Ormuz en las próximas 48 horas, Estados Unidos atacará y destruirá sus diversas centrales eléctricas, comenzando por la más grande", sentenció Trump en su comunicado digital, fijando el vencimiento del plazo para la tarde-noche del lunes 23 de marzo.
Irán advierte represalias en todo el Golfo
La respuesta de Teherán no se hizo esperar. El mando operativo del ejército iraní, a través de la agencia Fars, aseguró que cualquier agresión directa de Washington será contestada con ataques coordinados contra plantas de energía, infraestructura de tecnologías de la información y plantas desalinizadoras en toda la región del Golfo.
Las autoridades iraníes recordaron su capacidad de alcance militar, citando el reciente ataque a la base de Diego García en el Océano Índico, situada a unos 4 mil kilómetros de su territorio, como prueba de que pueden golpear objetivos lejanos con precisión.
El bloqueo del Estrecho de Ormuz, vigente desde el pasado 2 de marzo, ha desatado un caos en los mercados internacionales. Debido a que por esta vía transita una quinta parte del crudo global, el precio del barril en Europa ya superó la barrera de los 110 dólares.
Aunque una coalición de 22 naciones, liderada por potencias como Reino Unido, Francia, Alemania y Japón, ha exigido la reapertura del paso marítimo, la incertidumbre sobre una posible guerra abierta mantiene en vilo a las cadenas de suministro de gas natural y combustibles. La Agencia Internacional de la Energía ya autorizó el uso de reservas estratégicas, pero analistas advierten que esta medida es insuficiente para suplir el flujo total que depende de Ormuz.
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